Un amigo decía con respecto a su madre: “ Cuando me ve bien, cuando ve que estoy cepillando el caballo para salir, me empieza a atacar”. La frase siempre me rondó en la cabeza. Intuyo que existe una suerte de magnetismo fluctuante entre las relaciones humanas. Uno se da cuenta cuando avanzar, cuando ceder terreno. Una lucha estratégica guiada por fuerzas misteriosas, mezcla de gestos, de tonos de voz, de diversos brillos en las miradas. Y de otras cosas que no sabemos nombrar, pero que sabemos que existen.
El misterio de la atracción-repulsión que producen los estados de ánimo.
He tenido períodos difíciles, mentales, económicos, por ejemplo. Y el teléfono no sonaba ni para venderme servicios médicos. Sin embargo cuando me sentí muy bien, fuerte, altivo, misteriosamente, la gente comienza a llamar, a querer acercarse, a necesitar de mi, a proponerme.... Parece sanata irracional, pero son cosas que pude comprobar a lo largo de mi vida. Existe una suerte de vampirismo espiritual,nos nutrimos de la luz de otros.Y viceversa.
Probablemente esté errado en todo lo dicho, hay gente que encontrará explicaciones psicológicas.
Pero que al menos ésto me sirve de ejercicio para pensar a cuenta propia y no tener siempre una opinión prestada sobre cada cosa del mundo. Y también para mantener el músculo de la percepción y el análisis en actividad. Como decía Emerson : “ Que lo que conoces, no te impida penetrar en lo que no conoces”.
Hay otra fuerza extraña que opera cuando disminuye el interés que tenemos en las cosas. Dicho en otras palabras, cuando somos menos egoístas. Cuando no nos importa nuestra persona, se nos revelan los intereses de los hombres. Escuchamos a un tipo y ya sabemos lo que quiere, que lo mueve, hasta donde llegaría su espíritu. Es increíble el grado de certeza que se obtiene. Claro que si ese hombre sufre una crisis en su egoísmo, ya no nos será tan claro, se convertirá en un misterio.
Como el tiempo,como el arte,como la hierba, el dolor o la lluvia.
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Donde crece el dolor, crece el remedio...
martes, marzo 28, 2006
Histeria
Te miro, me mirás. Me gustas, me gusta que me mires. Me gusta gustarte. Pero no me gustás tanto como para entablar un diálogo. Apuro el paso, me seguís. No me está gustando ya. Apuro más.Creo que te perdí. Una parte de mí se apena. Me gustaba gustarte, pero no sobrepasar ese límite. O si, porque sobrepasarlo demuestra mucho interés. Y eso me estimula. Me encanta sobreinteresarte, pero solo hecho de saberlo. No quiero intercambio físico. Pero si me lo propusieras me gustaría, porque me estimula tu sobreinterés. Pero no quiero sexo.
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sexo
lunes, marzo 27, 2006
Pseudo-tratado religioso
Ante todo quisiera no pretender nada con ésto.Solo llevar un sondeo de mis movimientos internos.Desde hace tres años,tal vez un poco más,he entrado en una negrura espiritual. Hasta ese momento una profunda fe cristiana me habitaba,por supuesto conviviendo con toda clase de demonios.Pero ante el desenlace de lo perecedero,de lo inevitable, tenía la fe para alumbrar ese abismo.
Llegó entonces una secuencia de desgracias que me hizo perderla. Digamos que la desencadenó, porque sospecho que la duda venía incubándose desde siempre.
Algunas ideas muy racionales venían carcomiendo mis creencias. Pensaba en el dolor,que era inevitable,ya que los principios de la vida se basan en lo que nace nutriéndose de lo que muere.El dolor y la muerte entonces no pueden ser juzgados como malos,cuando perpetuan la vida.
Pensaba también que nada de lo que uno hace puede ser manejado con exactitud;creo estar produciendo dolor ,molestia, continuamente.Dejando huellas macabras.Una palabra inocente pero inapropiada de mi parte hacia un niño.
Una caminata por el césped,tan aliviante y espiritual, produce una masacre de criaturas bajo mi andar.¿Cómo se puede ser sin producir daño?.
Tal vez debería pensar en el Eclesiastés: el hombre no debe pretender ser demasiado justo para no caer en la tontería.La sabiduría será tal vez un hilo demasiado sinuoso y delgado, donde lo más sencillo es pecar por salirse a los costados.
Tal vez el mayor acto de la inteligencia, como decía Pascal,es reconocer su incapacidad. Estos tiempos en que vivo no ayudan mucho;los astutos son bien vistos. Aunque esto de criticar el tiempo en que vivimos es un viejo cantar.
No entiendo bien lo que me pasó.Había experimentado el desencanto de las cosas terrenas,del amor sexual.Pero cuando me quise dar cuenta,después de haber dado un par de concesiones,me vi atrapado de nuevo en la rueda.Sabía que las cosas no calmaban mi vacío,pero igual iba y deseaba, igual iba y compraba. Cualquiera lo sabe cuando en esos domingos sale a comprar algo,llega ansioso con su paquete, con su cachivache nuevo.Pasada la ciega y famélica euforia,somos los mismos, con más cosas que cargar, con menos lugar para movernos en casa o con alguna dependencia o deuda nueva.
Quisiera no tener que razonar siempre, que alguien se hiciera cargo de mi vida, que me acunara el espíritu, que me pasara una mano por la espalda, que me dijera que todo está bien, que es un juego, que no hay de que preocuparse, que no debo tener
miedo de ser parte de la disolución. Alguien que me convenciera que la mente,la inteligencia son cosa mezquina, que los ojos tienen un universo vedado.
Quisiera no sentir a todas las demás criaturas como presas o enemigos; pero la sabana africana es ley natural; ¿por qué no habría de cumplirse el mismo orden en el hombre?
No quiero indagar a Dios solo con la inteligencia, pero si no experimento un salto de fe, ella es mi única brújula en los días.
Mi fe debería ser circunspecta. Debería aumentar su silencio, inutilizar la capacidad de juicio a medida que se hunde en el hombre, en las cosas. Mi fe debería ser una actitud serena y demente.Debería abrir todas las puertas ,apretando los dientes al asco y al temor, debería ver, sin pronunciar.
Mi Fe debería ser un árbol; atenerse a las estaciones, sucumbir ,florecer, arder, marchitarse si así lo dicta un misterioso devenir.
Se como deberia ser mi fe, pero no la tengo.
Debería tener una inocencia infantil que regresa de la ancianidad. Debería poseer toda la visión de la maldad y la bondad de mi criatura; pero ser tan terrible que a todo le impusiera un silencio.No digo imponer. Debería convencer sobre lo irremediable. Entristecer en cierto modo a la alegría, al dolor, a la maldad y al emocionado bien. Debería convencerlos que no hay más nada que hacer.
Entre mis papeles viejos encontré este cuento:
Un chofer conduce en un impredecible camino. Inexplicablemente ve desvanecerse el volante. Pero sigue con las manos en posición como si aún estuviera ahí.
¿Qué mayor acto de fe , qué aún perdiéndola, se siga actuando como si estuviera?
¿Qué mayor acto de hipocresía hacia la razón propia?
Llegó entonces una secuencia de desgracias que me hizo perderla. Digamos que la desencadenó, porque sospecho que la duda venía incubándose desde siempre.
Algunas ideas muy racionales venían carcomiendo mis creencias. Pensaba en el dolor,que era inevitable,ya que los principios de la vida se basan en lo que nace nutriéndose de lo que muere.El dolor y la muerte entonces no pueden ser juzgados como malos,cuando perpetuan la vida.
Pensaba también que nada de lo que uno hace puede ser manejado con exactitud;creo estar produciendo dolor ,molestia, continuamente.Dejando huellas macabras.Una palabra inocente pero inapropiada de mi parte hacia un niño.
Una caminata por el césped,tan aliviante y espiritual, produce una masacre de criaturas bajo mi andar.¿Cómo se puede ser sin producir daño?.
Tal vez debería pensar en el Eclesiastés: el hombre no debe pretender ser demasiado justo para no caer en la tontería.La sabiduría será tal vez un hilo demasiado sinuoso y delgado, donde lo más sencillo es pecar por salirse a los costados.
Tal vez el mayor acto de la inteligencia, como decía Pascal,es reconocer su incapacidad. Estos tiempos en que vivo no ayudan mucho;los astutos son bien vistos. Aunque esto de criticar el tiempo en que vivimos es un viejo cantar.
No entiendo bien lo que me pasó.Había experimentado el desencanto de las cosas terrenas,del amor sexual.Pero cuando me quise dar cuenta,después de haber dado un par de concesiones,me vi atrapado de nuevo en la rueda.Sabía que las cosas no calmaban mi vacío,pero igual iba y deseaba, igual iba y compraba. Cualquiera lo sabe cuando en esos domingos sale a comprar algo,llega ansioso con su paquete, con su cachivache nuevo.Pasada la ciega y famélica euforia,somos los mismos, con más cosas que cargar, con menos lugar para movernos en casa o con alguna dependencia o deuda nueva.
Quisiera no tener que razonar siempre, que alguien se hiciera cargo de mi vida, que me acunara el espíritu, que me pasara una mano por la espalda, que me dijera que todo está bien, que es un juego, que no hay de que preocuparse, que no debo tener
miedo de ser parte de la disolución. Alguien que me convenciera que la mente,la inteligencia son cosa mezquina, que los ojos tienen un universo vedado.
Quisiera no sentir a todas las demás criaturas como presas o enemigos; pero la sabana africana es ley natural; ¿por qué no habría de cumplirse el mismo orden en el hombre?
No quiero indagar a Dios solo con la inteligencia, pero si no experimento un salto de fe, ella es mi única brújula en los días.
Mi fe debería ser circunspecta. Debería aumentar su silencio, inutilizar la capacidad de juicio a medida que se hunde en el hombre, en las cosas. Mi fe debería ser una actitud serena y demente.Debería abrir todas las puertas ,apretando los dientes al asco y al temor, debería ver, sin pronunciar.
Mi Fe debería ser un árbol; atenerse a las estaciones, sucumbir ,florecer, arder, marchitarse si así lo dicta un misterioso devenir.
Se como deberia ser mi fe, pero no la tengo.
Debería tener una inocencia infantil que regresa de la ancianidad. Debería poseer toda la visión de la maldad y la bondad de mi criatura; pero ser tan terrible que a todo le impusiera un silencio.No digo imponer. Debería convencer sobre lo irremediable. Entristecer en cierto modo a la alegría, al dolor, a la maldad y al emocionado bien. Debería convencerlos que no hay más nada que hacer.
Entre mis papeles viejos encontré este cuento:
Un chofer conduce en un impredecible camino. Inexplicablemente ve desvanecerse el volante. Pero sigue con las manos en posición como si aún estuviera ahí.
¿Qué mayor acto de fe , qué aún perdiéndola, se siga actuando como si estuviera?
¿Qué mayor acto de hipocresía hacia la razón propia?
Las canciones
Cada época,cada generación tiene sus canciones.Sucede que hasta los veintipico de años la cabeza permanece en un estado “moldeable” A partir de esa edad ,todo se comienza a cristalizar.No se escucha lo nuevo,uno pretende seguir con lo puesto
hasta esa fecha ,hasta el fin de la vida. Citando a Nicholas M. Butler "En las lápidas de mucha gente debería leerse; muerto a las 30. Enterrado a los 60".
Y las canciones son prueba de eso, del momento en que estancó nuestra cabeza. Hay que saber que no eran tan buenas las que nosotros escuchábamos y no son tan malas la que los jóvenes escuchan.Sería bueno pensar que el arte no pierde calidad con el tiempo, el que pierde calidad de entendimiento es nuestro cerebro,
que solo se sostiene gracias al recuerdo.
Cabría ahora saber si esto sucede por una razón psicológica o biológica, aunque resulte absurdo trazar una línea exacta entre ambas. Un poco de todo. Sin embargo creo que el peso de los recuerdos es el que nubla la percepción de lo nuevo.
Como dijo alguien "que lo que conoces no te impida ver lo que no conoces". El triste “yo ya lo vi”. Los recuerdos no son siempre la verdad, nuestras experiencias solo nos mostraron una cara de las cosas. De haber sido distintas, hubieramos nosotros sido distintos. Somos criaturas relativas.
"En un momento dado de la vida, morimos sin que nos entierren. Se ha cumplido nuestro destino. El mundo está lleno de gente muerta, aunque ella lo ignore". (Goethe)
"Desde la mitad de la vida hacia adelante, solo permanece vital aquel que está preparado para morir con vida".(C.G.Jung)
hasta esa fecha ,hasta el fin de la vida. Citando a Nicholas M. Butler "En las lápidas de mucha gente debería leerse; muerto a las 30. Enterrado a los 60".
Y las canciones son prueba de eso, del momento en que estancó nuestra cabeza. Hay que saber que no eran tan buenas las que nosotros escuchábamos y no son tan malas la que los jóvenes escuchan.Sería bueno pensar que el arte no pierde calidad con el tiempo, el que pierde calidad de entendimiento es nuestro cerebro,
que solo se sostiene gracias al recuerdo.
Cabría ahora saber si esto sucede por una razón psicológica o biológica, aunque resulte absurdo trazar una línea exacta entre ambas. Un poco de todo. Sin embargo creo que el peso de los recuerdos es el que nubla la percepción de lo nuevo.
Como dijo alguien "que lo que conoces no te impida ver lo que no conoces". El triste “yo ya lo vi”. Los recuerdos no son siempre la verdad, nuestras experiencias solo nos mostraron una cara de las cosas. De haber sido distintas, hubieramos nosotros sido distintos. Somos criaturas relativas.
"En un momento dado de la vida, morimos sin que nos entierren. Se ha cumplido nuestro destino. El mundo está lleno de gente muerta, aunque ella lo ignore". (Goethe)
"Desde la mitad de la vida hacia adelante, solo permanece vital aquel que está preparado para morir con vida".(C.G.Jung)
Pseudo-ensayo sobre la felicidad
No se hablar directamente de la felicidad, no se definirla en un concepto. Pero puedo ir rodeándola en espiral como un camino de montaña, y así abarcarla de alguna manera.
Para empezar podría hablar sobre el lugar físico de su existencia. Tengo una poderosa sensación de que vive en el poniente.
La imagino por Villa del Parque, por Devoto o por Ramos Mejía. Se que está en alguna de esas calles, pero son tantas que no me ubico. El único método que tengo para saber es caminar y caminar y conocerlas intimamente.
Ahora podría hablar del momento del día de la felicidad. Creo que es la mañana. Los sábados de otoño soleado. Recuerdo mi terraza y la pared tibia donde leía y tocaba la guitarra. Pero también podrían ser los viernes a la tarde,la hora de salida de la escuela. O bien puede ser una tarde de primavera, en un día cualquiera de semana, con el aire tibio de brotes. O alguna otra tarde de domingo de otoño caminando por la vereda del sol, pegado casi a los frentes de las casas. Recuerdo que el paso se me hacía cada vez más lento.
No puedo asegurar haberla visto alguna vez, solo tengo sospechas. Creo que se me apareció una vez en las piernas de un pibe que pasaba. También entre el humo del cigarrillo y las risas de unas adolescentes que me ignoraban.
La sospeché en el fondo de una calle que no conocía, en una casita perdida en la lejanía y vista desde el tren a la noche. También en cada una de las lucecitas de un edificio excesivamente lejano, que veía desde un balcón donde vivía.
Y durante mis caminatas nocturnas, la vi con el rabillo del ojo en muchas ventanas iluminadas por la televisión.Y otra vez creo que algo parecido a ella saltó ,cuando las sombras del jardin se movían en tu cara.
Pero ya ven, no tengo pruebas de nada.
Para empezar podría hablar sobre el lugar físico de su existencia. Tengo una poderosa sensación de que vive en el poniente.
La imagino por Villa del Parque, por Devoto o por Ramos Mejía. Se que está en alguna de esas calles, pero son tantas que no me ubico. El único método que tengo para saber es caminar y caminar y conocerlas intimamente.
Ahora podría hablar del momento del día de la felicidad. Creo que es la mañana. Los sábados de otoño soleado. Recuerdo mi terraza y la pared tibia donde leía y tocaba la guitarra. Pero también podrían ser los viernes a la tarde,la hora de salida de la escuela. O bien puede ser una tarde de primavera, en un día cualquiera de semana, con el aire tibio de brotes. O alguna otra tarde de domingo de otoño caminando por la vereda del sol, pegado casi a los frentes de las casas. Recuerdo que el paso se me hacía cada vez más lento.
No puedo asegurar haberla visto alguna vez, solo tengo sospechas. Creo que se me apareció una vez en las piernas de un pibe que pasaba. También entre el humo del cigarrillo y las risas de unas adolescentes que me ignoraban.
La sospeché en el fondo de una calle que no conocía, en una casita perdida en la lejanía y vista desde el tren a la noche. También en cada una de las lucecitas de un edificio excesivamente lejano, que veía desde un balcón donde vivía.
Y durante mis caminatas nocturnas, la vi con el rabillo del ojo en muchas ventanas iluminadas por la televisión.Y otra vez creo que algo parecido a ella saltó ,cuando las sombras del jardin se movían en tu cara.
Pero ya ven, no tengo pruebas de nada.
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poesía,
vida
Calmando el vacío con sed.....
Parafraseando a Hölderlein,
dónde crece el dolor, crece el remedio.
La ráfaga da consuelo
saciado el hambre del día
abunda el dolor y el remedio
La Tierra de los Consuelos
calmando el vacío con sed
La Tierra de Los Consuelos
Ya ves besamos muy poco
pero aporreamos bastante
Cartógrafo de lo patético
La Tierra de los Consuelos
un mar se sostiene en nuestras cabezas
La Tierra de los Consuelos
Y que nunca el océano
sea metáfora en mi nombre
vivir con un mar adentro
La Tierra de los Consuelos
que el mar se sostenga en nuestras cabezas
La Tierra de los Consuelos
dónde crece el dolor, crece el remedio.
La ráfaga da consuelo
saciado el hambre del día
abunda el dolor y el remedio
La Tierra de los Consuelos
calmando el vacío con sed
La Tierra de Los Consuelos
Ya ves besamos muy poco
pero aporreamos bastante
Cartógrafo de lo patético
La Tierra de los Consuelos
un mar se sostiene en nuestras cabezas
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Y que nunca el océano
sea metáfora en mi nombre
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