Ante todo quisiera no pretender nada con ésto.Solo llevar un sondeo de mis movimientos internos.Desde hace tres años,tal vez un poco más,he entrado en una negrura espiritual. Hasta ese momento una profunda fe cristiana me habitaba,por supuesto conviviendo con toda clase de demonios.Pero ante el desenlace de lo perecedero,de lo inevitable, tenía la fe para alumbrar ese abismo.
Llegó entonces una secuencia de desgracias que me hizo perderla. Digamos que la desencadenó, porque sospecho que la duda venía incubándose desde siempre.
Algunas ideas muy racionales venían carcomiendo mis creencias. Pensaba en el dolor,que era inevitable,ya que los principios de la vida se basan en lo que nace nutriéndose de lo que muere.El dolor y la muerte entonces no pueden ser juzgados como malos,cuando perpetuan la vida.
Pensaba también que nada de lo que uno hace puede ser manejado con exactitud;creo estar produciendo dolor ,molestia, continuamente.Dejando huellas macabras.Una palabra inocente pero inapropiada de mi parte hacia un niño.
Una caminata por el césped,tan aliviante y espiritual, produce una masacre de criaturas bajo mi andar.¿Cómo se puede ser sin producir daño?.
Tal vez debería pensar en el Eclesiastés: el hombre no debe pretender ser demasiado justo para no caer en la tontería.La sabiduría será tal vez un hilo demasiado sinuoso y delgado, donde lo más sencillo es pecar por salirse a los costados.
Tal vez el mayor acto de la inteligencia, como decía Pascal,es reconocer su incapacidad. Estos tiempos en que vivo no ayudan mucho;los astutos son bien vistos. Aunque esto de criticar el tiempo en que vivimos es un viejo cantar.
No entiendo bien lo que me pasó.Había experimentado el desencanto de las cosas terrenas,del amor sexual.Pero cuando me quise dar cuenta,después de haber dado un par de concesiones,me vi atrapado de nuevo en la rueda.Sabía que las cosas no calmaban mi vacío,pero igual iba y deseaba, igual iba y compraba. Cualquiera lo sabe cuando en esos domingos sale a comprar algo,llega ansioso con su paquete, con su cachivache nuevo.Pasada la ciega y famélica euforia,somos los mismos, con más cosas que cargar, con menos lugar para movernos en casa o con alguna dependencia o deuda nueva.
Quisiera no tener que razonar siempre, que alguien se hiciera cargo de mi vida, que me acunara el espíritu, que me pasara una mano por la espalda, que me dijera que todo está bien, que es un juego, que no hay de que preocuparse, que no debo tener
miedo de ser parte de la disolución. Alguien que me convenciera que la mente,la inteligencia son cosa mezquina, que los ojos tienen un universo vedado.
Quisiera no sentir a todas las demás criaturas como presas o enemigos; pero la sabana africana es ley natural; ¿por qué no habría de cumplirse el mismo orden en el hombre?
No quiero indagar a Dios solo con la inteligencia, pero si no experimento un salto de fe, ella es mi única brújula en los días.
Mi fe debería ser circunspecta. Debería aumentar su silencio, inutilizar la capacidad de juicio a medida que se hunde en el hombre, en las cosas. Mi fe debería ser una actitud serena y demente.Debería abrir todas las puertas ,apretando los dientes al asco y al temor, debería ver, sin pronunciar.
Mi Fe debería ser un árbol; atenerse a las estaciones, sucumbir ,florecer, arder, marchitarse si así lo dicta un misterioso devenir.
Se como deberia ser mi fe, pero no la tengo.
Debería tener una inocencia infantil que regresa de la ancianidad. Debería poseer toda la visión de la maldad y la bondad de mi criatura; pero ser tan terrible que a todo le impusiera un silencio.No digo imponer. Debería convencer sobre lo irremediable. Entristecer en cierto modo a la alegría, al dolor, a la maldad y al emocionado bien. Debería convencerlos que no hay más nada que hacer.
Entre mis papeles viejos encontré este cuento:
Un chofer conduce en un impredecible camino. Inexplicablemente ve desvanecerse el volante. Pero sigue con las manos en posición como si aún estuviera ahí.
¿Qué mayor acto de fe , qué aún perdiéndola, se siga actuando como si estuviera?
¿Qué mayor acto de hipocresía hacia la razón propia?
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Donde crece el dolor, crece el remedio...
lunes, marzo 27, 2006
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1 comentario:
Lo que la Iglesia le pide al hombre para entrar en ella, no es que se quite la cabeza, sino tan sólo que se quite el sombrero.
Gilbert K. Chesterton .
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