
Llegamos a Ushuaia y recorrimos la ruta que trepa los montes. La oscuridad iba ocultando los colosos helados .Después de las 10 de la noche llegamos a la posada recomendada. Habia una montaña en nuestro frente que nos inquietaba con su frio jadeante, imponente y oscuro. No la veiamos, pero sabiamos que estaba ahí. Eso la hacia más infinita.
Llegamos tarde y los posaderos estaban borrachos. No nos reconocieron como clientes. Casi nos atacan. Es natural. El infinito es insoportable.

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