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Donde crece el dolor, crece el remedio...

sábado, mayo 13, 2006

Se graba, se edita , se emite y se olvida

El estadio atraía rías de gente como un volcán en reversa.
El camarógrafo llevaba el trípode amarrado a su espalda, en forma de cruz, dejando dos alerones difíciles de manejar entre la multitud.
Cargaba un peso extra en sus brazos., un gran bolso con cables y luces, que servía como molestia adicional y contrapeso.
Un cardumen de chicos de la calle pasó por uno de sus costados -hecho que no hubiera registrado si no fuera por el accidente que desencadenó-
Uno de los pibes iba distraído y dió la punta del trípode en su frente.
El camarógrafo sintió la vibración transmitirse hasta sus espaldas. Creyó haber visto la escena con el rabillo del ojo; pero probablemente la reconstruyó con suposiciones posteriores, y la instaló como memoria objetiva y oficial.
El hombre del trípode siguió avanzando unos cuantos metros, sin cambiar su rumbo primitivo, al igual que el chico y la horda que lo acompañaba.
Y como es común en los niños, mientras se iba tocando la frente, pensaba que le dolía mucho y se puso a llorar.
El camarógrafo disminuyó su andar y se volteó varias veces.

Pensó que era culpable,pensó en la ley, tuvo miedo; recorrió a una terrible velocidad todas las consecuencias que podrían perjudicarle.
Los niños se detuvieron y uno de ellos consolaba al golpeado. Entonces el mayor del grupo,aprovechando una de las volteadas del culpable, le gritó:

-Eh señor! ¡Le pegó!.

El hombre detuvo su autopista mental, bajo su carga, y se dirigió hacia los chicos.
Capturó de inmediato sus expresiones. Resentimiento hacia el mundo, del cual el se sentía en ese momento cabal representante.
Le tocó la frente al niño. Tenía en la cara una desconsolada pátina de tierra y lágrimas.

Le dijo: -¡ No tenés nada che! ¡Me llevaste por delante! -cosa que nunca podrá afirmar con seguridad-

Entonces el mayor de los niños cambió su expresión resentida, por una mueca seria e inestable.
Sabía que si mantenía la situación iban a sacar algún provecho.
Le dijo al golpeado, en forma severa y paternal:

-¡ Te lo llevaste por delante al señor, tonto!.

Y en un estupendo cambio de tono, mirando al camarógrafo, le soltó un lastimoso:

- Pero le duele.... vió....-

Un compañero del camarógrafo se acercó, acarició al niño y le dijo:

-¡No es nada! ¡No tenés nada!... ¿Querés una Coca?

El niño moqueó para adentro, y con brillitos en sus ojos , dijo un sí parecido a un cielo de tormenta que se va abriendo.
Tomó el dinero.

Todo el resto de ese día quedó pensando el camarógrafo sobre la suerte del niño.
Probablemente fuese un villero, o ni siquiera tuviese un rancho estable y pararía por donde el cansancio lo alcanzara.

A la segunda noche, en el angosto pasillo oscuro que va desde apagar el velador hasta el sueño, se le cruzó la idea de un llamado telefónico que lo sorprendiera, avisándole un terrible desenlace para el chico. Sintió necesidad de rezar. No había a quien invocar.
Repasó los símbolos de su vida. Ninguno cobraba vida.
Entonces pensó en el sol y después se durmió.

Nunca más volvió a ver al niño. Y si lo hizo no lo supo, pues a los pocos días olvidó su cara. Y a los pocos años olvidó el suceso.

lunes, mayo 08, 2006

Suite de la lejanía


Un puto me dijo que estaba peleado con la vida. Y buscaba desesperado y promiscuo (que es lo mismo) lo que todos sabíamos que no iba a encontrar.
Elsa me dijo que huyó del campo porque no soportaba los atardeceres. No lo entendí entonces. Pero en éstos últimos tres días me entregué al ocaso del sol: de alguna manera te lleva hasta el horizonte para abandonarte en plena oscuridad y resignación.
Cuando más joven creí que el "conócete a tí mismo" me llevaría a una superación transhumana. Sin embargo no se abandona jamás la condición. Como Ulises que entiende que las sirenas mienten y que eso no anula su atractivo.
No pude dejar de mirar al tipo, y no había nada que pudiera hacer más que padecerme.Poseerlo era algo imposible como lo es para la mayoría de nosotros. Ví un perro estropeado buscando afecto entre el caserío, maltrecho y asustadizo por tanto "güira". Me costó acercarme y darle una inútil caricia de consuelo. Le dije algo cursi como : "yo soy como vos".
No pude dejar de mirar al tipo, fantaseé con concretar sabiendo que hay algo que no se alcanza. El amor humano multiplica los dolores, los celos, los pasos del paso del tiempo.
Yo sé, pero un corazón delator me empuja a desertar y volver a la rueda. Hay un lugar del alma al que no se llega. Todos conversamos, pero cada uno es Robinson Ruidoso en su isla solitaria. Hacer ruido no es comunicarse.
Pensaba ésta suite de cosas, mientras el sol se fugaba.

domingo, mayo 07, 2006

Manantial


Muchas veces escribo lo primero que me viene a la mente, aunque sea trillado o insípido. Se que jugueteando con las palabras suelen ceder los portales de ese "no sé donde" de donde provienen las palabras necesarias. Pero no hay fórmula exacta. El manantial existe en todos los hombres pero ninguno tiene el acceso asegurado.
Habrá algunos que en un tiempo lo bebieron profundo y de un momento a otro lo perdieron: momentáneamente, largamente, a intervalos, para siempre...

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Por pocos momentos soy conciente de mis defectos, de mis loops mentales, de mis reacciones embudo, de lo infantil de mi ego en sus defensas.
La mayor parte del tiempo no soy objetivo con mi persona. Es decir me percibo, pero no de la manera conciente en la que estoy escrutándome ahora. Quisiera estar siempre en éste estado, para ser más sabio, para desligarme de esa visión entrampada que nos da lo inmediato. Y porqué no, para lucirme en las conversaciones, dando definiciones y observaciones.

Debería saber que cuando se busca claridad y profundidad para brillar en el rebaño, se pierde claridad y profundidad.


viernes, mayo 05, 2006

Falso Pessoa

Escribo para liberarme. Escucho un grillo cantar en el jardín.
No voy a detener la vejez. No soy especial para nada. Soy una simple criatura de las billones que existieron, la nada que toma la palabra por un rato. Encima en el instante que me tocó vivir soy un mediocre anónimo, como la mayoría. No tengo dinero ni empleo fijo, ni esposa ni hijos. (quizás no tener algunas cosas es fortuna). Soy pesimista. No creo en nada ni en nadie, ni en mi. Me explico mejor. No creo en mi capacidad de discernir, de sentir.
Si nada puedo saber, no importa nada, porque las cosas importan en la medida que se comprenden. Pascal dijo que mejor razón es la que descubre su incapacidad. La mejor razón es la que se declara incompetente.
Todo esto es palabrerío.
Estoy tan agudo que no puedo ponerme ebrio. Para eso hace falta ese instinto falso que se llama sentimentalismo. Está descalificado hoy, no se porqué.

El Playón


Cada mañana era igual. Pero sin el tedio y la seguridad que da la rutina. Cada mañana era igual: la rutina del riesgo. Cada mañana el mismo margen de probabilidad de cometer un error y ser castigado.
Era entre mayo y junio. A las siete de la mañana formábamos en el playón, media hora antes que la Plana Mayor.

Recuerdo la tensión de los preparativos: lustrar los borceguíes, afeitarse, todo hacerlo en masa, al unísono casi; el que perdía el compás era castigado.
De superar este primer trance, venía el más dificil...El Playón.

Las columnas de soldados avanzaban agrupadas según altura y contextura física. Yo pertenecía a la tercera, había una cuarta donde directamente agrupaban a los que no llegaban al metro sesenta.
Nos ubicábamos en el playón a esperar, mientras "bailabamos" : nos dictaban ejercicios dolorosos para calentar el cuerpo y mantenernos domesticados.
Recuerdo las caras quemadas por el sol y el frío, llenas de barritos y archipiélagos colorados . Estábamos limpios, pero mal lavados, el tiempo en las duchas era reglamentario: lavarse una oreja, lavarse la otra...y asi sucesivamente. Nadie, creo, pensaba en lavarse bien, sino en no perder el compás de las órdenes.
A ésta altura de la jornada había una interesante lista de soldados sancionados, a la espera de sentecias. Y todos temíamos ser el próximo. Y ese temor era el que nos mantenía sometidos.

En esa época trataba de objetivar mis vivencias, de ir más allá; pensaba en que todo era un ritual, con el mismo valor relativo, arbitrario, tribal; ahora admito que era intenso mi sentir y breve mi comprensión. Lo sufría demasiado, cada minuto tenía para mi un peso plúmbico.

Llega entonces el momento en que aparece la Plana Mayor.
Se dan las órdenes: firme, vista derecha, vista izquierda y todo ese boludeo, que no tengo ganas de decodificar en mi memoria.
Aparece el soplido de los altoparlantes, casi se podría imaginar al "nabo" que ejecutaba los movimientos: prende el amplificador, (ruido de masa), levanta la pua del tocadiscos, cae el pick up ... crash, crash...gira el disco...comienza la canción: Aurora.
"Alta en el cielo, un águila guerrera, audaz se eleva, en vuelo triunfal...".
Un soldado y un suboficial frente a nosotros se encargan de subir la bandera, mientras nosotros cantamos sobre la grabación.

Pero un día aparece un gato y se pasea tranquilo entre el mástil y nosotros, nos ignora. Yo me regocijo; me libera pensar que hay otra vida diferente, que la realidad es de infinitas capas, y éste maldito Ejército es sólo una delgada epidermis en la que estoy atrapado.
De repente aparece otro gato y enfrenta al que se paseaba delante nuestro. Erizaron los lomos, se amenazaban de una manera terrible, mientras el disco y el canto seguían. "Es la bandera de la patria mía, del sol nacida que me ha dado Dios..."
Empiezan a sonar risitas de distintos lugares. A mí no me causa gracia. El chiste tiene que ver con el miedo. Yo gozo con que exista algo allá afuera.

Mamushkas

Me masturbo, me limpio, tomo agua, tomo un libro, lo cierro; escribo unas líneas, no siento que deba seguirlas, son tontas, mentirosas, toco el piano intento una música...para qué, para quién? Alguien lo hizo antes y mejor. Pongo un disco ,no puedo pasar de unos pocos compases,algo me abruma....las malditas voces no me dejan en paz. Vuelvo a pensar en sexo, me masturbo de nuevo, hago algunos abdominales, tomo más agua.El sol se va retirando de las paredes del jardín. Solo los locos, los presos,los viejos siguen el movimiento del sol en la pared. Prendo la radio,busco otro libro. Llega la tanda de música. Dejo el libro. Me pongo una campera, salgo a comprar. Me gusta cocinar, cocino, limpio los trastos.Me apuro para sentarme en la computadora. Me siento. Boludeo. Miro pornografia, bajo el correo. Leo el diario. Separo las noticias que me gustan. No disfruto,estoy apurado por terminar. Escapo hacia el futuro. Quisiera escapar hacia el alma. Ese es el titulo de una canción. Voy al baño, debería limpiarlo, tomo una escoba barro, junto. Abandono. Voy a la heladera. Me preparo un pan con queso. Pongo por vez séptima la pava al fuego para tomar más mate. Completo la serie de abdominales que me faltaba. No cesa la desesperacion. Hierve el agua.
Me cebo un mate: horrible. Vuelvo a sentarme en la computadora. Voy a escribir mi desesperación, detalle por detalle, es lo único que se me ocurre para calmarla. Empiezo:
"Me masturbo, me limpio, tomo agua".... No veo la hora de terminar de escribir, pienso en masturbarme.... " tomo un libro, lo cierro; escribo una línea, no siento...."

Me vuelvo a levantar de la silla... tiro el agua hervida... lleno la pava de nuevo y enciendo la hornalla. Cambio la yerba del mate ... tengo que seguir escribiendo... ".... que deba seguirlas son tontas mentirosas.."

No puedo concentrarme, no logro hundirme en lo que me pasa, y sacar una hebra objetiva. No puedo. Es mentiroso que yo escriba que es mentiroso lo que digo. Cada vez que me cito, es como enfrentar dos espejos. Es hilvanar cadenas y pretender el límite de mi humanidad.

Dejo un espacio en el texto, voy a empezar de nuevo. Primero voy a la cocina y me cebo el mate que arreglé. Vuelvo a la máquina. Leo lo que estaba escrito:
"Voy a escribir mi desesperación, detalle por detalle, es lo único que se me ocurre para calmarla. Empiezo:
Me masturbo, me limpio, tomo agua".... No veo la hora de terminar de escribir, pienso en masturbarme.... " tomo un libro, lo cierro; escribo una línea, no siento...."

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