Hace unos días vi la película “Into the wild”. Y realmente no puedo decir que sea buena. Me sucede que ciertas cosas se contagian con mi subjetividad y ahí soy parcial. Cuenta la historia real de un muchacho que abandona su cómoda vida, dona el dinero que tiene para la universidad, y se marcha hacia la naturaleza. Desde Dakota del sur, hasta Alaska, pasando por México y una travesía por el río Colorado. Es tentado a sentar cabeza por gente que lo conoce a lo largo del camino. Finalmente es encontrado muerto en un autobús abandonado, cerca del cerro Mc Kinley en Alaska.
La película a vuelo de pájaro parece simplona, llena de idealismo, hermosa la fotografia, la sonrisa del chico, la música, nada más. Pero la rosa ¿está ahí afuera o en el ojo de cada uno?¿en ambos?¿es una ilusión?¿es un mal entendido?
Algo extraño me pasó: antes de verla ya me producía “síndrome de Stendhal”
He aquí la prueba que estaba poniendo en la película demasiado de mí.
Una inmensa mayoría dirá que el chico es un estúpido. Pero al fin de cuentas:
¿el propósito de la vida es preservarla?
Pienso en esa nostalgia de las cosas que nunca se alcanzan .Muchos sienten: "hay algo que no está bien, ésto no era lo que yo buscaba."
Pero abandonan por cobardía o por ternura, para no herir al otro. La trampa de los afectos. El teatro de los sentimientos
Hay algo que queda allá en la lejanía, algo que no sabemos bien, pero no es ésta vida.
Admiro a esa gente. Esos poetas suicidas que a falta de esa palabra saltan al vacío. Suena estúpido si se carece de ese sentimiento. Como las historias de amor son bobas para los que olvidaron o no fueron iniciados.
Pero probablemente no exista la razón en estado puro.
Y jamás hubo una decisión separada de algún sentimiento.
Into the wild
Dirección: Sean Penn.
País: USA.
Año: 2007.
Duración: 140 min.
Género: Biopic, drama.
Interpretación: Emile Hirsch (Christopher McCandless), Marcia Gay Harden, William Hurt, Jena Malone, Catherine Keener, Hal Holbrook, Kristen Stewart, Vince Vaughn, Brian Dierker.
Guión: Sean Penn; basado en el libro de Jon Krakauer.

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