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Donde crece el dolor, crece el remedio...

viernes, febrero 01, 2008

Fitz Roy (I)


El humor cambiante de las nubes. Los bosques hechos de dos maderas y sus sombras creciendo a través de las centurias. Y en el fondo las sombras del Fitz Roy que rotan hace milenios. Lidiar con lo bello no es bello. O como dice el poeta : es el primer grado de lo terrible.Vi una enorme gruta bajo el hielo. Sentí terror y belleza. Y mientras intentaba dormir en la carpa pensé que la cueva también dormía. Y que el hielo y el fuego eran lo mismo. Nadie es ajeno a cada callejón del viento. Ya se que estoy forzando el lenguaje, pero es un experimento para ir acercándome. Y esa noche al pie del Fitz Roy no pude dormir. Y no fue vulgar insomnio, fue un estado insoportable. Como si todo quisiera ocupar mi lugar, cada hoyo de cada piedra, cada páramo de milenio inmovil. Así es el misterio. La brutal Patagonia se detuvo y el cerro se retiró dejándonos con el silencio de la roca, No pude dormir pero descansé en lo eterno. Y sólo alguna ráfaga de piedra y arena me devolvía a mis límites. Y Orión veló despejada toda la noche. Y a la mañana vi un águila y entendí el sentido de la profanación.Y no tiene palabras, es como el silencio del amor o de la muerte. Como era en antaño, cuando todas las cosas hablaban con los hombres.

Descendimos al campamento.

En la mañana subí una ladera. Crucé un arroyo de agua recién destilada. No hay peces a esta altura. Los humores de la montaña nos vienen perdonando. Pensé en el valor de la pequeña vida que construimos y en la falta de sustento de los sentimientos.
Me senté en el claro del bosque y enterré los dedos entre la piedra y la arena
Me mojaba la cara una llovizna horizontal, es el aliento del cerro- decíamos-
A mis pies una mariposa se aferraba a una brizna para no ser arrancada.
En ese momento le pedí a la montaña.

Seguí caminando hacia la cuña de dos laderas. Y se hizo oscuro y espeso
Y se hizo silencio de viento, de pájaro, de ramas, de insecto. Me detuve. Pude sentir fácilmente mi propia respiración.
O la de ese ser que se gira cuando giramosy corre detrás cuando corremos
y nos lleva a la locura.
Pero no: el bosque me aceptó.

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